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Texto sobre fondo claro que dice "Feliz Día del Padre", acompañado de una reflexión sobre cómo está

El dia del padre

La reflexión central parte de una imagen de redes sociales ("Iron Thoughts") con las frases que durante generaciones definieron la masculinidad: "Sé fuerte. Trabaja duro. Provee." A partir de ahí, la autora plantea que, así como se habla mucho del cambio en el rol de la mujer, se habla poco de la enorme transformación que están viviendo los hombres y los padres. Antes el padre solo debía proveer; hoy además se espera que esté emocionalmente presente, involucrado y disponible. Ella aclara que esto es positivo —los hijos necesitan padres presentes—, pero se pregunta si les estamos pidiendo demasiado sin darles las herramientas, sobre todo cuando muchos crecieron con mensajes como "los hombres no lloran". La conclusión es una invitación a acompañarlos mejor en esa transición, reconocer al hombre detrás del rol y agradecerles su esfuerzo por aprender un nuevo "idioma emocional".

Hace tiempo que hablo y escribo sobre el cambio del rol de la mujer. Cómo en apenas unas generaciones hemos pasado de modelos muy definidos a realidades completamente distintas. Hoy las mujeres trabajan, emprenden, lideran empresas, sostienen hogares, cuidan familias y, al mismo tiempo, intentan cuidar de sí mismas. Y no cabe duda de que esta transformación ha tenido un impacto profundo en nuestra salud física, emocional y mental.

Pero hace unos días me encontré con una imagen que me hizo detenerme.

Era una de esas ilustraciones que circulan en redes sociales, llamadas Iron Thoughts. En ella aparecían tres frases que durante generaciones definieron lo que significaba ser hombre:

"Sé fuerte. Trabaja duro. Provee."

Y me pregunté: ¿qué ha pasado con los hombres? ¿Qué ha pasado con los padres?

Porque mientras observamos los cambios que hemos vivido las mujeres, quizá no estamos hablando lo suficiente de la enorme transformación que también están atravesando ellos.

Durante mucho tiempo, el rol principal del padre fue proveer. Su valor estaba asociado a trabajar, sostener económicamente a la familia y mantenerse firme ante cualquier circunstancia.

Hoy, además de proveer, se espera que esté emocionalmente presente, que cambie pañales, que cuente cuentos antes de dormir, que acompañe tareas, que apoye a su pareja, que escuche, que valide emociones, que cure heridas emocionales que quizá él mismo nunca tuvo la oportunidad de sanar.

Y quiero ser muy clara: no estoy diciendo que esto sea algo negativo.

Al contrario, creo profundamente que nuestros hijos necesitan padres presentes, involucrados y emocionalmente disponibles.

Lo que me pregunto es otra cosa.

¿Qué tanto más les estamos pidiendo?

¿Qué pasa cuando a las exigencias tradicionales se suman nuevas expectativas, sin que necesariamente les demos el espacio, el tiempo o las herramientas para construir esa nueva versión de sí mismos?

Muchos de los padres de hoy crecieron escuchando frases como:

"Los hombres no lloran", "No seas débil", "Aguántate", "Los sentimientos no se muestran."

Y ahora se encuentran intentando criar hijos a quienes quieren decirles:

"Todo está bien", "Puedes sentir", "Aquí estoy", "No tienes que hacerlo solo."

Eso requiere algo enorme, porque no solo están acompañando el crecimiento de sus hijos, también están creciendo ellos. Están aprendiendo un idioma emocional que muchas veces nadie les enseñó, están tratando de romper patrones que heredaron, están intentando construir una forma diferente de ser hombres y de ser padres.

Y quizá parte de la conversación que necesitamos tener hoy no es únicamente qué más pueden hacer los padres, tal vez también necesitamos preguntarnos cómo podemos acompañarlos mejor en esta transición.

Cómo podemos reconocer el esfuerzo que implica, cómo podemos ver a la persona detrás del rol. Porque detrás de cada padre hay también un hombre aprendiendo, equivocándose, intentando hacerlo mejor de lo que le enseñaron.

En este Día del Padre quisiera invitarnos a hacer una pausa. A reconocer no solamente lo que los padres hacen, sino también lo que están viviendo. Agradecer su presencia, su esfuerzo, su disposición a crecer y su valentía para construir nuevas formas de paternidad.

A todos los padres que cada día intentan estar, aprender, acompañar y amar mejor de lo que les enseñaron, les quiero decir... gracias.

Y feliz Día del Padre.