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Texto reflexivo sobre el amor propio y la autocompasión, que invita a aceptar el cuerpo, la edad y l

Cuando aprendemos a abrazarnos sin juicio

Este texto invita a dejar el juicio hacia nosotras mismas y a abrazarnos con empatía y amor. Habla de aceptar el cuerpo, la edad, los cambios y las emociones como parte natural de la vida, reconociendo que en lugar de perder, ganamos experiencia, fortaleza y plenitud. Propone iniciar el año con una sola intención consciente: tratarnos con compasión, cuidar nuestro bienestar y generar un cambio real desde adentro, entendiendo que nuestros pensamientos y emociones impactan directamente en nuestra salud y en la forma en que vivimos.

¿Cuántas veces te has juzgado?

¿Alguna vez te has detenido a preguntarte cuántas veces te has juzgado en tu vida?
¿Cuántas veces te has exigido más de lo que puedes dar?
¿O cuántas veces te has dejado de lado?

Y claro, todo por querer que las personas que están a tu alrededor estén bien, sin importar si tú lo estás.

Normalmente estamos acostumbradas a dar siempre de nosotras todo aquello que muchas veces ni siquiera se nos pide, pero que, por querer que los demás estén bien, hacemos —o dejamos de hacer— cosas para satisfacer sus necesidades. Y aun así, somos las personas más críticas con nosotras mismas.

Siempre nos estamos fijando en el peso, en si nos vestimos bien, en si cocinamos bien, en si somos buenas madres, hijas, esposas, amigas… y todo aquello que se nos pueda cruzar por el camino, sin nunca detenernos a pensar si somos capaces simplemente de ser nosotras.

Aceptar nuestras arrugas que denotan carcajadas llenas de alegría y lágrimas cargadas de experiencia.
Aceptar esas canas que llegan con las vivencias de todos y cada uno de los días que vivimos.
Aceptar los cambios que llegan con la edad de forma natural y sana, sin exigirle a nuestro cuerpo que se mantenga en una estética que ya no le pertenece, pero que ahora se transforma en una llena de amor propio, sabiduría y una esencia única.

Aceptar que somos capaces de necesitar ayuda y de pedirla.
Que es posible equivocarnos.
Que no debemos permitir que nadie nos critique, pero tampoco hacerlo nosotras mismas.

Aceptar que somos capaces de romper patrones y dejar huella en todo lo que hacemos, que podemos generar influencia y dejar nuestra esencia en todo aquello que tocamos.

Y es precisamente en estas fechas cuando empezamos a hacer un recuento de lo que hicimos y de lo que dejamos de hacer, volviéndonos más rígidas: diciendo que no logramos lo que queríamos, que ahora somos más viejas, que nuestro cuerpo no se ve igual, que si tenemos o no pancita, dinero, canas, arrugas, etc.

Y perdemos de vista que ganamos experiencia, que ganamos plenitud, que nos hemos vuelto más fuertes y que estamos generando cambios en nuestra vida porque nos reconocemos como MUJERES ÚNICAS.

Hoy que empieza el año, que iniciamos una nueva etapa y que, como siempre, pedimos 12 deseos atragantándonos las uvas sin realmente detenernos, te propongo algo distinto: mejor pedir uno y volverlo realidad durante los siguientes doce meses.

Abrázate.
No te juzgues.
Empieza a generar un cambio desde adentro.

Deja que tu cara se llene de felicidad y también de lágrimas, esas que nos enseñan que la felicidad está hecha de pequeños momentos que la vida nos regala.

Abrázate en bienestar y deja de juzgar tu cuerpo, tu espacio y tu vida. Mejor toma el control de tu cuerpo, de tu espacio y de tu vida, para que al cerrar este año te sientas satisfecha de haber cumplido doce veces el deseo que decidiste abrazar.

Recuerda que nuestras emociones y pensamientos se reflejan en nuestra salud física, y es precisamente por eso que, en lugar de ser duras con nosotras mismas, debemos ser empáticas.

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