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Texto reflexivo sobre la relación con el cuerpo, donde se expresa que el peso es un síntoma de deseq

El peso es el síntoma, no el padecimiento

Durante años nos enseñaron a creer que el peso es el problema, cuando en realidad es solo un síntoma. A lo largo de mi camino personal y profesional he comprendido que el cuerpo no falla: se adapta. El peso refleja cómo está nuestra salud metabólica, nuestro sistema nervioso, nuestro descanso, nuestra relación con la comida y nuestro mundo emocional. Vivimos en un contexto de estrés constante y exigencias externas que nos desconectan del cuerpo y nos empujan a controlarlo en lugar de escucharlo. Hoy sostengo que el verdadero acto de salud no es bajar de peso, sino volver a habitar el cuerpo, comprenderlo y respetarlo.

Una invitación a volver a habitar el cuerpo

 

Durante gran parte de la historia humana, el peso corporal no fue un tema central, y mucho menos una obsesión cotidiana. 

 

Para nuestros abuelos y ancestros, el cuerpo era visto principalmente como un vehículo de vida, trabajo, fertilidad y supervivencia, no como un objeto a corregir, reducir o controlar.

En múltiples culturas, un cuerpo con curvas o con peso, entre ella la nuestra, era incluso símbolo de salud, abundancia, capacidad reproductiva y estabilidad emocional y social.

 

La delgadez extrema se asociaba a enfermedad, pobreza o fragilidad, no era un ideal aspiracional. Y es a mediados del siglo XX, cuando varios procesos sociales, económicos y culturales se entrelazan y transforman radicalmente nuestra relación con el cuerpo.

 

La comida dejó de ser solo alimento y se convirtió en un producto. Aparecieron los productos ultraprocesados, el azúcar refinado en exceso, las grasas industriales y patrones de consumo cada vez más alejados de los ritmos biológicos, lo cual no llevó paradójicamente, a comer más, pero a nutrirnos menos.

 

La ciencia hoy confirma que dietas pobres en micronutrientes y ricas en productos altamente procesados alteran la regulación del apetito, la señalización hormonal y el metabolismo energético (Monteiro et al., 2019).

 

A partir de los años 50 y 60, especialmente en Occidente, el cuerpo de la mujer comienza a ser observado, medido, comparado y comercializado. El cine y la publicidad imponen un ideal corporal cada vez más delgado, juvenil y poco realista. El cuerpo deja de ser un espacio vivido y se convierte en un objeto evaluado desde fuera. Esta mirada externa fragmenta la relación interna con el cuerpo y sienta las bases de la insatisfacción corporal crónica (Wolf, 1991).

 

En las décadas de los 70´s y 80´s el peso  empieza a definir valor, éxito y autocontrol. Se podría decir que es el momento en que ocurre una fractura profunda, el cuerpo deja de ser escuchado y empieza a ser dominado por el exterior, el sistema, la sociedad.
Actualmente vivimos en un estado de estrés crónico sostenido, caracterizado por falta de descanso reparador, exceso de estímulos, demandas constantes y desconexión emocional, ante esto el cuerpo responde protegiéndose, llevándonos a aumentar el cortisol ( la hormona  del estrés), aumentado la inflamación de bajo grado y alternado el eje del eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (el eje del estrés) lo cual se asocia directamente con cambios en el peso corporal, especialmente en contextos de inseguridad emocional o vital (Sapolsky, 2004).

 

Durante mucho tiempo, el peso ha atravesado múltiples dimensiones de la vida humana. No solo el cuerpo, sino también la psique, las emociones y la identidad.

 

El peso nos ha hecho creer que si pesamos más, valemos menos, que si pesamos menos, somos “mejores”. El sacrificio corporal parece sinónimo de salud. Cuando en realidad, muchas veces, bajar de peso es ir en contra del cuerpo.

 

Desde mi propia historia —atravesando la anorexia— viví el engaño del peso. Creí que bajar números en la báscula iba a tranquilizar mis emociones, calmar la incomodidad interna, silenciar el dolor. Pesando 41 kg, mi percepción seguía siendo la de “estar gorda”. El conflicto nunca fue el cuerpo: era el malestar emocional no escuchado.

 

Como describe Gabor Maté, el cuerpo muchas veces expresa aquello que la mente no ha podido integrar. El peso se convierte entonces en un síntoma visible de procesos invisibles.

 

El peso es el síntoma, no el padecimiento…

 

Lo que he compartido y enseñado durante años en Food for Life Institute es claro, el peso no es la causa, es el reflejo de cómo está la salud metabólica, cómo está el sistema nervioso, cómo está el descanso, cómo está la relación con la comida, cómo está el mundo emocional, cuando no hay equilibrio interno, el organismo se desregula. Y cuando el sistema se desbalancea, el metabolismo se adapta para sobrevivir, no para cumplir ideales estéticos.

El verdadero camino no es controlar el peso, sino rehabitar el cuerpo, escucharlo, respetarlo y comprenderlo y quizá hoy, el mayor acto de salud no sea bajar de peso, sino volver a casa.

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